Este es un tema que a lo mejor te sacude y te preguntaras, que tiene que ver eso. Pero cuando nos adentramos a la etimologia de las palabras nos damos cuenta que estan muy relacionadas.
La palabra "poseído" evoca imágenes de ser controlado, sometimiento y haber pérdido el poder sobre uno mismo, y que algo o alguien más nos manipula. Pero, si exploramos la raíz de esta palabra, descubrimos que proviene de "poseer", que significa tener dominio o autoridad sobre algo. Esta reflexión nos invita a preguntarnos: ¿qué significa realmente estar poseído? ¿Es posible que, en lugar de pensar en fuerzas externas, estemos naufragando en la posesión de ideas, personas o circunstancias ajenas que nos apartan de nuestra propia soberanía personal?
Estar poseído puede interpretarse como vivir bajo el control de algo que no somos nosotros mismos. Esto puede tomar muchas formas: la opinión de otros, expectativas sociales, creencias limitantes o incluso emociones no procesadas. Cada vez que dejamos que estas fuerzas guíen nuestras decisiones, cedemos nuestra autoridad personal.
Entonces, estar poseído no es necesariamente una experiencia sobrenatural, sino una situación cotidiana. Cuando nuestras acciones y pensamientos están dictados por el miedo, la culpa o la necesidad de aprobación, estamos, en cierto modo, dejandole la autoridad a otros sobre lo que queremos o deaseamos, hacer o tener, poseídos por sentimientos, circunstancias o culpas.
Poseer, en cambio, es tomar las riendas de nuestra vida. Es reclamar la autoridad sobre cada acción, decisión y pensamiento. Es reconocer que, aunque no podemos controlar todo lo que nos sucede, siempre tenemos la capacidad de elegir cómo responder, y escogemos lo que es mejor para nosotros o conveniente en su momento.
Recuperar el poder sobre uno mismo implica:
Cuando permitimos que alguien más tome el control de nuestra vida, es como si estuviéramos naufragando en un mar que no nos pertenece. Esto puede manifestarse en relaciones desequilibradas, en trabajos que no nos llenan o en patrones de comportamiento que no reflejan quienes realmente somos.
Es fundamental recordar que nadie puede poseernos sin nuestro consentimiento. Recuperar nuestra libertad comienza con el simple acto de decir "no" a lo que no nos sirve y "sí" a lo que alimenta nuestro ser.
Estar poseído no es un estado permanente ni una condena. Es una invitación a reflexionar sobre dónde estamos poniendo nuestra atención y energía. Al tomar conciencia de esto, podemos movernos hacia un estado de posesión consciente: uno en el que somos dueños de nuestras decisiones y arquitectos de nuestra vida.
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Hoy, te invito a hacerte esta pregunta: ¿qué está poseyendo mi tiempo, mis pensamientos y mis acciones? La respuesta podría ser el primer paso hacia tu libertad personal.